CAROLINA CABELLO. SOCIÓLOGA. INTEGRANTE DEL MOVIMIENTO 15 DE AGOSTO. INVESTIGADORA ONG CESDE.

 

 

“Cierto es que el presidente de la S.A.D.P. lloriquea con el fin de construir un falso relato, en el que los empresarios que se adueñaron de la pelota aparecen como verdaderos paladines de la generosidad; sin embargo, no es menos efectivo que más allá de las lágrimas y quejas, las crisis vivenciadas en Wanderers, ponen en evidencia que el modelo de Sociedades Anónimas ha fracasado.”

 

El 1 de febrero del 2018 se cumplen 10 años de la firma del Contrato de Concesión entre la Corporación Santiago Wanderers y la Joya del Pacífico S.A.D.P., actual Wanderers S.A.D.P., tiempo equivalente a 1/3 del periodo concesionado y, por lo tanto, indicado para realizar análisis y balances de lo que ha sido la gestión y los resultados del fútbol privado en Valparaíso.

Durante los últimos años se ha evidenciado al interior de Wanderers S.A.D.P., una crisis que tiene a la empresa con la soga al cuello. Se habla de “quiebra”, de crisis económica, de deudas, de no pago de sueldos, de despidos y déficit institucional. Lo más claro es que, las promesas con que desembarcaron las SADP en el fútbol nacional no han sido cumplidas. Un ejemplo de ello es la ineficacia en la gestión evidenciada en las pérdidas que año a año genera Wanderers S.A.D.P. y en la actual deuda de más de $1.700.000.000 que mantiene con Fundación Futuro Valparaíso. Y es que, desde el 2008 a la fecha, con la excepción del 2013 (1), todos los ejercicios financieros han arrojados pérdidas importantes. Para paliar esta situación la mesa directiva ha debido realizar aumentos de capital en 5 de los 10 años de administración, aumentando con esta medida el poder accionario del socio mayoritario Nicolás Ibáñez; limitando y minimizando la participación de los accionistas minoritarios, aquellos que mantienen una relación de pasión y cercanía con el club desde antes de la llegada de la Concesionaria.

Durante el año 2013 se arrojaron utilidades debido principalmente a las ventas de Eugenia Mena y Sebastián Ubilla a Universidad de Chile y Carlos Muñoz a Colo Colo. Promesa incumplida por parte de la Concesionaria que cuando arribó a Valparaíso se comprometió a no reforzar equipos que fueran rivales directos y a vender a los jugadores formados en la cantera del club al extranjero.

 

Si consideramos que la cifra que se debió pagar por la Concesión fue de $1.120.000.000, la suma de los aumentos de capital supera en más de un 600% el monto de estos pasivos. A todas luces, una inversión que sólo sabe de pérdidas y números rojos. A pesar de ello, Nicolás Ibáñez Scott aumentó su porcentaje accionario, el cual pasó de tener el 32% al 78% de la propiedad a través de Fundación Futuro Valparaíso, empresa de propiedad del empresario, mediante la cual intenta validar y desarrollar sus proyectos económicos y políticos en Valparaíso.

La situación es tan crítica que, incluso a pesar de los ajustes realizados en los últimos años, de mantener una de las planillas más escuetas del fútbol chileno, de la reducción de personal y de gastos implementada desde la llegada de Miguel Bejide (2) (interventor judicial experto en solventar instituciones en quiebra), Wanderers S.A.D.P. pierde mes a mes una cantidad cercana a los $100 millones. Esta situación es solventada mediante un préstamo constante de Fundación Futuro Valparaíso, quien facilita todos los dineros necesarios a una tasa del 4,5% de interés anual. Es decir, Nicolás Ibáñez se presta dinero de un bolsillo a otro, no existiendo ninguna fiscalización o regulación a un comportamiento financiero a todas luces inescrupuloso ya que; el empresario endeuda a Wanderers S.A.D.P, al mismo ritmo que aumenta los créditos de su fundación. Fue justamente estos créditos que mantiene Ibáñez, lo que le permitió a fines del 2015, amenazar con pedir la quiebra de la empresa concesionaria.

A partir de estos balances, Jorge Lafrentz presidente de la Concesionaria ha sostenido reiteradamente que “la industria del fútbol es deficitaria”(3). Cierto es que el presidente de la S.A.D.P. lloriquea con el fin de construir un falso relato, en el que los empresarios que se adueñaron de la pelota aparecen como verdaderos paladines de la generosidad; sin embargo, no es menos efectivo que más allá de las lágrimas y quejas, las crisis vivenciadas en Wanderers, ponen en evidencia que el modelo de Sociedades Anónimas ha fracasado.

Esto no lo afirmamos sólo desde una trinchera ideológica, sino que, es posible sostenerlo a partir de la comparación entre los objetivos que, al menos desde el discurso, se plantearon al momento de la irrupción del modelo de privatización del fútbol y la situación actual que atraviesan las distintas Sociedades Anónimas que controlan los Clubes del fútbol profesional chileno. Y es que, el orden financiero, la estabilidad económica y una administración profesionalizada y eficiente fueron los estandartes que levantaron los precursores del sistema en la época, en los medios de comunicación y en el congreso.

Santiago Wanderers no ha sido el club deportivo que la Sociedad Anónima prometió. Esto lo podemos ver reflejado en los magros resultados (con la excepción de la copa Chile del 2017, que fue acompañado por un pésimo rendimiento en el campeonato Nacional que acaba de finalizar, sentenciado a la institución a descender de categoría y disputar para el 2018, el campeonato de la Primera B); la carencia de refuerzos de calidad (equivalentes a las necesidades del club), las venta de jugadores de la cantera cantera dentro del mercado nacional y no internacional (reforzando a los propios rivales), los dineros recaudados por dichas ventas que no han sido equivalentes a los costos de los nuevos fichajes y en general, la falta de regularidad deportiva, explicada en la gran cantidad de técnicos que han pasado por la banca sin continuidad.

En total, 11 entrenadores en 10 años y la pelea constante con el fantasma del descenso, que hoy se concreta producto de un proyecto deportivo que, a costa de una buena cantera y jugadores con proyección, buscó lograr resultados con bajos costos. Es más, la Concesionaria ha intentado truchamente lucrar con sus buenos resultados en el fútbol joven que, siendo estrictos, tienen que ver mas bien con talentos de toda la región que llegan al club a buscar una oportunidad, antes que con el resultado de un proceso formativo de la institución. El 2014, CIPER Chile destapó el proceder de distintas Sociedades Anónimas, entre ellas Santiago Wanderers, que crearon una personalidad jurídica sin fines de lucro (de papel), para optar de manera irregular a los beneficios de la Ley de Donaciones Deportivas, recursos que eran reservados para deportistas y clubes amateurs (4).

Un último elemento en evaluación debiera ser, el rol social y la responsabilidad cultural que conlleva administrar una institución patrimonio de Valparaíso, con 125 años de historia. Al respecto, tres ejemplos de la negligente gestión:

  • El año 2015 el directorio de la Sociedad Anónima decidió desvincular al capitán, referente e ídolo del pueblo caturro Jorge Ormeño, a pesar de ser un titular indiscutible y de haber manifestado su deseo de continuar siendo un aporte en el primer equipo. El basureo y la falta de respeto fue tal, que hinchas organizados se tomaron la sede del club en época navideña afectando la venta de merchandising y realizaron diversos actos en apoyo al histórico volante. Sin embargo, la Concesionaria no dio su brazo a torcer y demostró una vez más, lo incompetente de su gestión cuando se trata de calificar cuestiones que no tienen valor comercial, como la identidad y el sentido de pertenencia entre jugadores y la gente.

 

  • El año 2012, a cambio de la reconstrucción del estadio Elías Figuero Brander, el Gobierno Regional consciente de la ventaja comercial que con esta entrega de recursos se le estaba otorgando a privados, firmó un acuerdo con Wanderers S.A.D.P en donde éstos, se comprometían a mantener congelados los precios de las entradas de galería y a generar una política de incentivo y acercamiento gratuito para adultos mayores y niños (Acuerdo Gobierno Regional Valparaíso, 2012). A pesar de ello, el acuerdo ha sido vulnerado constantemente por parte de la Concesionara, no siendo fiscalizado por ningún ente relacionado con la Intendencia regional.

 

  • Por último, el permanente atropello de la dignidad de hinchas y de socios, quienes agrupados en torno a la Corporación Santiago Wanderers, han intentado levantar acciones fiscalizadoras y de transparencia en la gestión. Malos accesos en los estadios, aumento en los costos de los abonos, estigmatización del hincha como delincuente, aplicación autoritaria e injustificada del código de admisión 102 amparado con Estadio Seguro y lo más importante, la imposibilidad de decidir sobre sus propios equipos. Socios e hinchas transformados en consumidores pasivos, obligados a pagar y acatar, sin posibilidad de reclamo sobre el presente y futuro de sus propias instituciones.

El daño social y político es tremendo. La profundidad del proceso de transformación a un fútbol privado, en donde algunos pocos que concentran la propiedad, los beneficios y el poder de decidir por una gran mayoría, es la repetición de un modelo impuesto a todo lo social: la educación, la salud, las jubilaciones, etc. Un proceso privatizador que hoy es altamente cuestionado, rechazado, mostrando solo injusticia y altos niveles de desigualdad social.

Las promesas del modelo de Sociedades Anónimas quedaron en el aire, pero además; se ha evidenciado que es falsa la premisa de que, un grupo de empresarios administra necesariamente mejor nuestros Clubes que los socios e hinchas.

Para el 2018, Santiago Wanderers deberá competir en la Primera B, un golpe duro para un pueblo que, si bien está acostumbrado a la tragedia, representa una de las instituciones más importantes y trascendentales del fútbol chileno, mereciendo de sobra estar en un sitial de honor. Al pueblo wanderino se le ha faltado el respeto, con promesas que son humo y se las lleva el viento. El mismo viento sur que esperamos pueda limpiar la cara del puerto herido y levantar espacios de resistencia.

Ser wanderino no es fácil, implica resistencia, choreza y valentía. Resistencia a un modelo de sociedad que exalta el triunfo como bien supremo (al Wanderers lo vamos a ver jugar porqué sí y no porque va a ganar), resistencia de los wanderinos que no viven en Valparaíso y que hacen patria desde muchos rincones del mundo, resistencia ante una realidad que quisiéramos no fuera tal pero lo es (el fracaso deportivo y los malos resultados a lo largo de toda la historia), resistencia frente a lo que se dice es imposible (nosotros sí sabemos lo que es soñar), resistencia para vestir la camiseta en los momentos más humillantes (vestirla es un honor siempre), resistencia a la historia oficial del fútbol chileno (tenemos 5 estrellas), resistencia a la coherencia deportiva (seremos el primer equipo chileno en jugar copa Libertadores estando en Primera B) y; resistencia al modelo de sociedad anónima, que aplica la racionalidad económica a nuestra camiseta, donde prima el mercado y el dinero.

Es momento de colocar los valores que pregonamos al servicio de la transformación, luchando para recuperar la pelota de quienes la han usurpado y, comenzar tal como un 15 de agosto de 1982 a concretar la idea de que otro fútbol es posible. El futuro de Santiago Wanderers depende más que nunca de los wanderinos.

 

Notas

  1. Durante el año 2013 se arrojaron utilidades debido principalmente a las ventas de Eugenia Mena y Sebastián Ubilla a Universidad de Chile y Carlos Muñoz a Colo Colo. Promesa incumplida por parte de la Concesionaria que cuando arribó a Valparaíso se comprometió a no reforzar equipos que fueran rivales directos y a vender a los jugadores formados en la cantera del club al extranjero.
  2. El Mercurio de Valparaíso (2016)
  3. La Tercera (2016)
  4. CIPER Chile (2014)