LA CANCHA AHORA BRILLA

El fútbol gusta tanto jugarlo como escribirlo. Aquí va una selección de cuentos que discurren en elitización, en las mujeres, Palestina y las desventuras que se viven adentro y fuera de la cancha.

Por Pamela Jáuregui Tobar socióloga.

COMPLEJO DE DT

Estadio Monumental, sector Caupolicán. Las expectativas siempre altas para ver al popular, la alegría de volver a mirar la perfecta alfombra verde, aspirar el humo de los cigarrillos, oír el sonido del bombo y los gritos de la vendedora de churros. Comenzó el encuentro y a la vez la delirante transmisión del partido proveniente del personal de un hincha justo atrás de nosotros. El corpulento hombre vestía la mítica camiseta amarilla de portero, dando una magistral y trastornada visión del encuentro: “¡Pícala, hueón!”, “¡así no culiao!”, “¿cómo podemos ir perdiendo por la mierda?”. El complejo de DT acabó cuando remontamos el partido, con gol de Paredes en el minuto 89.

GOL DE IZQUIERDA

Viole tenía la pelota dominada a tres cuartos de cancha, había hecho un alto a ver si podía tocarla a la Carol, que esa tarde jugaba con la camiseta nueve, y con eso evitar a la rival de ancha espalda que había salido a cortarle la subida por la punta izquierda.  De una manera que nadie se esperaba, Viole se pasó bailando a la central y corrió como si detrás viniera el guanaco. Se la cruzó a Rosa y así distrajo a la arquera. No pasaron ni quince segundos cuando de su izquierda lanzo un misil que rompió la red.

LA CANCHA AHORA BRILLA

Hemos vuelto después de semanas complicadas. Nos creyó débiles y sumisas. Él subestimó nuestra garra, fuerza y valentía. Él enfatiza que, al tener mayor acceso en las redes sociales, podría opacar nuestro talento en cancha como en los cuentos. Fueron días en que no creíamos en nosotras ni tampoco en el equipo. Pero aquí estamos, peleando un partido más, escribiendo un cuento más. No necesitamos que nos valides, ni tampoco precisamos ser coquetas para demostrar con entereza nuestra inteligencia al jugar como al escribir. Desde acá te decimos: “profe, la cancha sin ti se ve mejor”.

RADIO COSTUMBRE

Por más que quisiera ir al estadio a ver a mi equipo, no puedo. Los altos valores de las entradas y el bajo sueldo de jubilación no me alcanza para darme ese gusto. Tengo más de setenta años, desde muy joven asistí al estadio, siempre acompañado de mi vieja amiga la radio.  Hasta hoy la costumbre no se mi quita, prefiero la transmisión radial y la emoción que me entrega antes que pagar por un canal privado. Con respecto a cada pepita, no importa, porque en la noche puedo ver la repetición de los goles.

PALESTINA LIBRE

Viole es una niña de diez años que juega a la pelota. Añora jugar en un club femenino y está la espera de lo que salga con Colo Colo y Palestino. A su corta edad entiende muy bien lo que es representar a estos clubes. Desde muy pequeña se identifica con ambos ya que su familia está divida entre el Eterno Campeón y el Tino Tino. Hace un mes cuando entró a la cancha, no sabíamos si estaba jugando o bailando, se mueve muy bien con la caprichosa. Quienes la vimos celebrar el gol, vimos clarito de sus labios el grito de ¡Palestina libre!. 

LO ÚLTIMO DE LA VIDA

Ella iba al estadio sólo cuando se jugaba de local; él, un romántico  viajero. Ella admiraba que viajara por su equipo de norte a sur. Nunca se lo dijo. Lo que  sí le comentó fue que le gustaría ir al estadio junto a él pensando en un clásico, cada uno con su camiseta en un lugar neutral. Él le pidió que fueran a otro, porque los clásicos son un partido aparte. Ella no accedió. Menos iba a ingresar a la puerta 14 del Nacional para ningún otro partido. Imposible. Él le decía que nada pasaría puesto que sería un secreto. El ¡No! rotundo era un vamos, pero no se podía. Para ella ir a un partido del archirrival sería lo último que haría en su vida.

VENENO

Julieta  llegó a su Puerto Montt natal después de seis años jugando en Suecia. El retorno fue obligado. En la octava fecha del Campeonato Nacional Femenino recibió una fuerte patada de la central. “Si no me cortaba era gol seguro”, contaba Julieta, aún convaleciente. El fuerte golpe que recibió fue veneno: rotura de ligamentos  cruzado con desgarro en el menisco derecho, decía el parte medico. Con esto Julieta se despidió de las canchas, pero se reinventó: estudió inglés, perfeccionó el sueco y de paso sacó una carrera como Directora Técnica. Hoy llegó Julieta para tomar el primer equipo de la rama femenina de fútbol. Hoy su romance viene desde la banca.

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