RICARDO PATRICIO CUEVAS BASCUÑÁN, SOCIÓLOGO TITULADO DEL INSTITUTO DE SOCIOLOGÍA, FACULTAD DE HUMANIDADES, UNIVERSIDAD DE VALPARAÍSO, CHILE. MIEMBRO DEL CENTRO DE ESTUDIOS SOCIOCULTURALES DEL DEPORTE (CESDE). CORREO: RCUEVASBASCUNAN@GMAIL.COM; RICARDO.CUEVAS@CESDE.CL

 

 

 

 

“…el Muay Thai se ha sumado al largo listado de deportes que han llegado a las ciudades costeras de la Quinta Región, siendo impartido y enseñado en distintos gimnasios de la zona, aumentando el número de practicantes, generando la posibilidad de desarrollar torneos locales (donde asisten periódicamente más de un centenar de asistentes) y de que éstos puedan participar en campeonatos nacionales e internacionales.”

 

 

Pelea de Muay Thai en evento “Liga LFC 17”, disputada el 3 de febrero de 2017 en el Gimnasio Leme de Viña del Mar (registro propio).

 

En la actualidad no resulta desconocido, al menos para quienes practican profesionalmente las artes marciales mixtas (MMA, por su sigla en inglés), que dos artes marciales han sido las que más han fortalecido las competencias y espectáculos de este tipo, el Muay Thai y el Jui Jitsu (adoptado desde Japón y perfeccionado por artistas marciales brasileros).

“En oriente las artes marciales de cada origen étnico/nacional tienen denominaciones diversas que refieren por lo general a disciplinas, técnicas o artes de guerra (…) Si uno sigue la evolución de lo que hoy conocemos como artes marciales vamos a ver que tienen un fuerte aspecto occidental” (Buccellato, 2014, pág. 12).

La incorporación del Muay Thai al mundo de las artes marciales mixtas no solo tuvo un fuerte impacto en el mundo deportivo, sino también en la forma en que se constituyó como un producto cultural de exportación, y principalmente, para el consumo de la sociedad occidental. Consumo referido principalmente a tres dimensiones: cultural, espectacular y deportiva.

El gran y explosivo crecimiento que tuvo la ciudad de Valparaíso, a propósito de los numerosos asentamientos de familias de inmigrantes vinculadas al rubro portuario que abastecía a Santiago en su etapa temprana, significó un enorme crecimiento de colonias, principalmente europeas, como la inglesa y la italiana. Estas colonias trajeron consigo no solo nuevas formas de desarrollo comercial (Sánchez M., Bosque M., & Jiménez V., 2009) y la instauración de novedosos estilos arquitectónicos en la construcción de inmuebles y locales, sino también, lograron posicionar algunas de sus prácticas culturales más importantes, como por ejemplo, los deportes, como es el caso del boxeo, el atletismo, el básquetbol, la hípica y el fútbol, entre los más populares, los que se conocieron y difundieron por todo el país bajo del concepto de sport.

“Las prácticas deportivas se verificaron primero al interior de la sociabilidad cotidiana de la colonia inglesa y de los colegios o empresas de su entorno más inmediato, lo que significó que se incorporaran rápidamente jóvenes aristócratas criollos. En esos marcos se trataba de reproducir lo más fielmente posible el espíritu deportivo inglés y con ellos una suerte de actitud de vida, propia del perfil de lo que se llamaba un sportmen” (Santa Cruz, 2006, pág. 143).

Valparaíso se formó como una ciudad intercultural, característica distintiva puede tener su gran punto de explicación en su condición de ciudad portuaria, como la gran ciudad portuaria que tenía Chile, e incluso la costa del pacífico de Sudamérica, en momento que las economías de los países vecinos recién comenzaban a prepararse para la transferencia masiva de mercancías y de personas (más inmigrantes que emigrantes). Si bien no es menor que los procesos independentistas en el continente americano (considerado en su totalidad) resultaron ser cruentos y sanguinarios, y especialmente antagónicos entre invasores foráneos y criollos aliados con los aborígenes respectivos de cada territorio, durante la fase poscolonial y republicana se logró un equilibrio y una relativa paz social entre la población migrante europea y los habitantes de cada ciudad. Las políticas comerciales de aquel entonces (siglo XIX y XX), no tuvieron problemas en adquirir ribetes multiculturales, entendiendo que lo que se intentaba era “crear las condiciones sociales, cultural y políticas de una ciudadanización en donde la diferencia no sea el impedimento de la convivencia, en el marco de respeto a las diversidades culturales” (Zebadúa Carbonell & Chacón Reynosa, 2014, pág. 87).

Disciplina de práctica mixta

 

Mujeres practicando Muay Thai con hombres, gimnasio del Club Social y Deportivo Orompello, Cerro Esperanza, Valparaíso (registro de Fabián Ahumada)

 

Hoy en día, el Muay Thai se ha sumado al largo listado de deportes que han llegado a las ciudades costeras de la Quinta Región, siendo impartido y enseñado en distintos gimnasios de la zona, aumentando el número de practicantes, generando la posibilidad de desarrollar torneos locales (donde asisten periódicamente más de un centenar de asistentes) y de que éstos puedan participar en campeonatos nacionales e internacionales. Sin embargo, a diferencia de otras disciplinas deportivas, esta arte marcial no fue traída por ninguna colonia oriental, sino por exponentes nacionales.

Similitudes con la práctica del boxeo, según lo describía Wacquant (2006), como una actividad que parece situada entre la naturaleza y la cultura, que requiere una gestión compleja y racional del cuerpo y del uso del tiempo; y como un deporte individual, ya que pone en juego un único contrincante, cuyo aprendizaje es, sin embargo, profundamente colectivo.

La práctica del Muay Thai en su país natal, si bien se ha abierto muchísimo a recibir extranjeros, aún no lo ha hecho en su totalidad en términos de género, principalmente a causa de la tradición cultural que se encuentra arraigada a la disciplina. Sin embargo, es una situación que ha ido cambiando con el tiempo, algo que resaltan Erich Krauss y Glen Cordoza, quienes dicen que: “having realized there is money to be made by opening their doors to tourist, dozens of Thai boxing training camps now openly invite men and women from around the world into their facilities” (2006, pág. 25), destacando que la apertura generada por el turismo, ha permitido la integración de la mujer en la práctica, como una parte más en la demanda de enseñanza de esta arte marcial.

Las diferencias entre sexos que pudiesen ser consideradas como una limitante en cuanto al uso de la fuerza, en la medida que el conocimiento entre los practicantes aumenta, suelen disminuir e invisibilizarse. El trato, a petición incluso del mismo practicante, suele ser cada vez más exigente, por lo que su principal enfoque se centra en el aprendizaje técnico, en el disciplinamiento corporal.

 

 

Bibliografía

 

Buccellato, M. (2014). Explorando las artes marciales como objeto de estudio antropológico. 1er encuentro de investigación con imaginación y realidad (págs. 1-17). Buenos Aires: Instituto de Altos Estudios Sociales – UNSAM.

Krauss, E., & Cordoza, G. (2006). Muay Thai Unleashed: Learn technique and strategy from Thailand’s warrior elite. Nueva York: McGraw-Hill.

Santa Cruz, E. (2006). Los comienzos de nuestro Olimpo. Los deportistas como nuevas figuras públicas en Chile en las primeras décadas del siglo XX. Revista Comunicación y Medios, 141-148.

Wacquant, L. (2006). Entre las cuerdas. Cuadernos de un aprendiz de boxeador. Buenos Aires: Siglo XXI Editores Argentina S.A.

Zebadúa Carbonell, J., & Chacón Reynosa, K. (2014). Cuerpo y cultura. Reflexiones desde la multiculturalidad e interculturalidad. En N. L. Hernández Reyes, & L. Pons Bonals, Debates sobre la interculturalidad (págs. 83-110). Chiapas: PROFOCIE.

 

Registro fotográfico:

Fabián Ahumada, fabian.ahumada.arq@gmail.com