Ricardo Patricio Cuevas Bascuñán, Sociólogo titulado del Instituto de Sociología, Facultad de Humanidades, Universidad de Valparaíso, Chile. Miembro del Centro de Estudios Socioculturales del Deporte (CESDE). Correo: rcuevasbascunan@gmail.com; ricardo.cuevas@cesde.cl

“La prensa y el poder político se retroalimentan a fin de construir la opinión pública, aquella que se presenta y posiciona como sentido común. ¿Quién estaría dispuesto a decir públicamente “yo apoyo a las barras de fútbol por sus expresiones de violencia, caos y destrucción”? El discurso público es el aquel que se posiciona como discurso oficial, como una verdad, verdad que se transmite de forma vertical de arriba hacia abajo.”

 

El tema de las barras en el fútbol profesional ya no es algo nuevo ni tampoco un acontecimiento desconocido, ni para la opinión pública ni para los investigadores sociales. El presente siglo hemos visto proliferar, en cuanto a su cantidad, las investigaciones orientadas al abordaje de dicho fenómeno social, intentando, desde distintas trincheras disciplinarias, ofrecer diferentes perspectivas que permitan dar cuenta de la globalidad de multiplicidades y aristas que comprenden su actuar en la sociedad chilena.

Las barras en Chile, generalmente, logran captar la atención mediática de forma más o menos cíclica, según agenda política de gobiernos de turno, o bien, por sus expresiones más violentas en determinados encuentros de fútbol profesional (en mucha menor medida, o de forma más esporádica, en encuentros amateurs). La mayoría de estas veces, el foco comunicacional se suele concentrar en barras como la Garra Blanca (Colo-Colo), Los de Abajo (Universidad de Chile), Los Cruzados (Universidad Católica) y Los Panzers (Santiago Wanderers), generando todo un perfil criminalístico de sus integrantes.

 

Imagen presentada por el diario La Tercera en su edición de 18 de julio 2015, en columna titulada “el nuevo perfil del barrabrava”.

En la misma columna, se presenta la opinión de Jorge Valdés, quien trabajó con fuerzas especiales de carabineros, asegura

“Son tipos anárquicos. Pasan semanas con la camiseta puesta de su elenco, y también son los que asisten a las barricadas. Son resistidos por la sociedad, tienen mala formación en el hogar y no se les presentan oportunidades para progresar. Sólo buscan rebelarse ante la autoridad y, para eso, siempre intentarán romper el orden. Este tipo de hinchas, generalmente, poseen armas blancas y/o de fuego. Están preparados para todo” (La Tercera, 18/07/2015).

En este punto, se da cuenta de varios tópicos que podrían definir, desde el punto de vista de los agentes de dominación, el carácter y la conducta del barrista del fútbol, y que explicarían, en cierta forma, su condición antisocial. El primero, tiene relación con el rechazo a las instituciones sociales formales, de las cuales identificamos las principales: familia, escuela y trabajo. La frase “tienen mala formación en el hogar” evidencia una ruptura o quiebre al interior de la primera institución disciplinaria, en el incipiente proceso de construcción del sujeto social-normalizado. Ligado a la anterior, encontramos la institución educacional, la escuela como segunda agencia de reforzamiento del proceso disciplinario primario, actúa de forma complementaria a la familia y es el sistema que determina el paso del sujeto al siguiente proceso. El trabajo como institución, se posiciona como la tercera institución dentro del entramado social, donde el tipo y tiempo en que el sujeto entre en este proceso, será condicionado por el sistema de selección de inclusión/exclusión del proceso anterior, la frase “no se les presentan oportunidades para progresar” clarifica dicha situación. Las oportunidades no son ni pueden ser para todos, determinadas familias podrán tener acceso a determinadas oportunidades, dependiendo de la efectividad del proceso disciplinario en esta instancia, es el primer filtro. Lo mismo para la educación escolar, donde bajo el mismo criterio se ofrece un número menor de oportunidades para quienes vayan aprobando en el proceso.

El rechazo al orden establecido y la crítica a la falta de oportunidades, resultaría ser la justificación para despreciar los cánones sociales, al sentido común, y, sobre todo, al sistema político, por lo tanto, serían más propensos a caer en razonamientos y acciones de carácter anárquico. El anarquismo cae dentro de la misma lógica que se emplea para descalificar al barrista, dentro de la intención por clasificarlo como sujeto indeseado.

Unos ocho años antes, el diputado Enrique Jaramillo Becker (PPD), en la Sesión 46ª de la Cámara de Diputados de la República de Chile, de fecha jueves 5 de julio de 2007, declaró lo siguiente:

 

“Hace una década, el Congreso Nacional aprobó la actual ley Nº 19.327, que no conformó a nadie. Por eso, esta moción, más que perfeccionar la eficacia punitiva de la ley, viene a entregar a la autoridad administrativa más y mejores instrumentos para la prevención de esos hechos. A su vez, contiene mayores exigencias para los organizadores de los espectáculos, quienes normalmente reparten las utilidades que les dejan los eventos, pero el costo de la prevención, la vigilancia y el control de los malos elementos recae sobre el Estado y la sociedad en su conjunto” (Congreso Nacional, 2007, p. 42).

 

La prensa y el poder político se retroalimentan a fin de construir la opinión pública, aquella que se presenta y posiciona como sentido común. ¿Quién estaría dispuesto a decir públicamente “yo apoyo a las barras de fútbol por sus expresiones de violencia, caos y destrucción”? El discurso público es el aquel que se posiciona como discurso oficial, como una verdad, verdad que se transmite de forma vertical de arriba hacia abajo. El discurso, diría Foucault, opera como un dispositivo, es un instrumento que permite poner y disponer a y de individuos en determinados campos políticos, y el dispositivo por excelencia es la ley. Luego de muchos años de debates, con cimas y valles, en el primer gobierno de Sebastián Piñera (2010-2014), se instaura el Plan Estadio Seguro (P.E.S.), como una de las máximas respuestas de la institucionalidad política para dar “atajada” al incontrolable problema que generan las barras de fútbol, lo que a fin de cuentas terminó por ser la implementación chilena del “Informe Taylor”, paquete de medidas aplicadas en Inglaterra para generar instancias normativas que permitirían la encarcelación de los hooligans.

En la actualidad, el poder político institucional sigue clamando por una mayor cantidad y más severas medidas como respuesta a los actos de violencia asociados al fútbol, reiterando que el carácter disuasivo a través leyes punitivas es la mejor opción para regularizar y normalizar la situación. Las barras por su parte siguen buscando los espacios para posicionar su discurso resistente, siendo las redes sociales las plataformas predilectas para contrarrestar el impacto que genera el discurso público.

Bibliografía:

Congreso Nacional. (2007). Historia de la Ley Nº 20.620. Valparaíso: Biblioteca del Congreso Nacional.

Estadio Seguro. (2012). Estadio Seguro. El fútbol que todos queremos. Recuperado el 07 de Abril de 2013, de Plan Estadio Seguro. Pasado/Presente/Futuro: http://www.estadioseguro.gob.cl/pasadopresentefuturo.html

Parker, M., & Labrín, S. (18 de julio de 2015). El nuevo perfil del barrabrava. La Tercera.