Camilo Ramirez Vasquez. Sociólogo, Maestrando en Sociología de la Cultura y Análisis Cultural del IDAES, Universidad Nacional del General San Martin, Argentina. Investigador CESDE.

 

 

 

Desde el nacimiento de los estudios sociales del deporte, es interesante observar la importancia que los medios de comunicación de masas le dieron al deporte, en específico, a la práctica del fútbol profesional. Históricamente se han desarrollado de forma interrelacionada, inicialmente dando énfasis en la práctica deportiva, los triunfos y lo sucedido en cancha, aunque sin perder de vista lo que sucedía fuera de ella.

Hablar de violencia y fútbol en Chile no es una novedad, ya menciona Brenda Elsey en su libro “citizens and sportsmen” en algunos pasajes de peleas entre diferentes asistentes a partidos en las primeras décadas de siglo XX en Chile.

Ya dentro de la relación entre medios y violencia en el fútbol, diferentes autores dan cuenta de esta relación a través de la espectacularidad antes mencionada: en los 90’ tanto en Inglaterra, España o en Argentina se han concretado estudios donde se muestra la relación entre violencia en el fútbol y la espectacularidad de la noticia. Se presenta de esta forma un escenario por parte de los medios de comunicación: cuando hablamos de violencia en el fútbol, una operación de las rutinas mediáticas consiste en reducir la mirada sobre las denominadas “barras bravas”. La lógica de producción del discurso de los medios construye representaciones en base a dos ideales contrapuestos: “la familia feliz”, que asiste pacíficamente al estadio para formar parte de la fiesta deportiva, en oposición, el hincha que se desvía de esta norma, catalogado como “anormal”. Ambos  extremos se presentan sin matices.

Ante este escenario, a nivel personal, surgió la inquietud por indagar en las representaciones que hacen los medios de comunicación acerca de la violencia en el fútbol: hemos visto y escuchado constantemente –especialmente desde el periodismo deportivo- frases hechas y repetidas hasta el cansancio: “los que no aman el fútbol” o el conocido “los tontitos de siempre”, para la cual recomiendo el artículo de Camilo Améstica en este mismo medio (http://cesde.cl/los-tontitos-de-siempre/). Ahora bien, para poder dar cuenta de la forma en que se da esta construcción, opto por mostrar ciertos elementos obtenidos al revisar la prensa escrita chilena durante un determinado periodo de tiempo. Me centré en la prensa escrita ya que, es la que mantiene una línea editorial continua a lo largo del tiempo y, para ello, trabajé sobre el diario El Mercurio, ya que es una de los diarios de mayor tiraje en el país, siendo el medio más representativo de la oligarquía chilena.

La narrativa de la violencia en El Mercurio

 

Lo primero es hablar del silencio como categoría: desde 1990 hasta 1992 en el diario El Mercurio es la existencia de un silencio respecto a los hechos de violencia en el fútbol: si bien existen registros de hechos violentos antes de esa fecha, no se registran artículos relacionados en el diario El Mercurio hasta octubre de 1992.

Otro elemento es la naturalización de la violencia en el fútbol. En el contexto de los partidos denominados como “de alta convocatoria” (eufemismo para denominar a los partidos que se asumen de alto riesgo) que generalmente, tienen como equipos participantes a Universidad de Chile, Colo Colo y Universidad Católica.  Esta naturalización es vista a partir de ciertos titulares de como, por ejemplo, la noticia del 26 de octubre de 1992 (día después de un “clásico” Colo Colo-Universidad de Chile) que titulaba: “Sin sangre en el río”:

“Lo que se comentó durante la semana sobre los posibles hechos de violencia que podrían producirse en el partido entre Universidad de Chile y Colo Colo, en esa guerra de declaraciones sobre la seguridad del Monumental, fueron superiores a los hechos. Porque ayer, como aquel dicho lo dice, la sangre no llego al río.” (El mercurio, 26/10/1992; p.4 revista del deporte)

 

Esta naturalización de los hechos de violencia se da en 2 niveles:

1° Connotación positiva de la no existencia de “sangre en el rio” es decir, de muertos o heridos de gravedad, anteponiendo un pasado de existencia, por lo que es importante destacar que esta condición no se repitiera.

2° A pesar de no haber muertos o heridos de gravedad, si existieron destrozos a la propiedad (bancas destrozadas) y si hubo enfrentamientos entre las hinchadas los cuales, pasan a ser una condición innata de esta clase de partidos. Estos hechos al no revestir mayor gravedad, quedan fuera de la espectacularidad de la noticia y, por ende, pierden relevancia. A diferencia de las muertes o de otros hechos en noticias posteriores, existe acá un abandono del carácter negativo de los daños y de enfrentamiento, para pasar a ser visto como hechos menores y parte natural de un partido.

En tercer lugar, es posible definir qué se considera violento para El Mercurio: Destrozos a la propiedad; Agresiones a jugadores; Enfrentamientos entre hinchadas; Enfrentamientos con la policía; Quema de propiedad (pública y privada); y finalmente, la muerte de laguna persona.

En todos los ejemplos, explicitados en la prensa escrita, el carácter que tienen los hechos es de una visualización de la violencia en su carácter más explícito; dejando fuera de consideración otros tipos de violencia: titulares como “albos se juegan más que dos puntos” (15/05/1994) pueden ser considerados incitadores a la violencia por parte de los medios, ya que, da una relevancia mayor a los puntos jugados de lo que sería un “partido normal”.

El lenguaje de la violencia es presentado por ellos en códigos alegóricos, en búsqueda de la espectacularidad.

En la misma lógica, las hinchadas son invisibilizadas a través de la voz de los dirigentes de los clubes: “Universidad de Chile estuvo representada por los jugadores y algunos de nosotros (dirigentes). El resto, no representaba a la “U”” (26/10/1992), excluyen al hincha como un interlocutor válido de cualquier relación con el equipo. Esto último es interesante de destacar puesto que, las hinchadas, no son reconocidas como actores válidos al momento de referirse a las problemáticas acerca de la violencia en el fútbol: si bien son los actores que realizan los actos “vandálicos”, en ninguna parte aparecen testimonios con respecto a esta problemática, siempre son periodistas, dirigentes y políticos los llamados a “solucionar el problema”, excluyendo completamente a las hinchadas de esta discusión.

 

¿Quiénes ejercen hechos de violencia?

 

La prensa escrita presenta dualidades (separaciones ante un “otro” que siempre es indeterminado), para este ejercicio pude delimitar la existencia de al menos 3 alteridades:

  • Hincha/policía: el hincha adquiere el carácter de anormal (de escaza facultad mental en su mayoría) y de ser el sindicado como ejecutor de la violencia en el contexto del futbol, mientras que, por otro lado, las noticias no señalan a la policía como ejecutor de violencia con el uso de eufemismos como “actuar” “, “aplacar” y “controlar”.
  • Hincha/infiltrado: aparición de un otro no perteneciente a la hinchada que es el comete actos de violencia en el estadio. Nace mayoritariamente a partir de los dirigentes, que hacen este doble juego de defender (al buscar otro de afuera), al mismo tiempo que excluir.
  • Los que pertenecen al mundo del fútbol/los que manchan el nombre del fútbol: muestra la existencia de un campo donde existen interacciones que son válidas y al cual, también pertenecen algunos hinchas –los que no generan actos de violencia- mientras que por otro lado existen otros –generalmente señalados como una minoría- que son aquellos que están fuera de este campo, y que pertenecen a otros espacios como, por ejemplo, la cárcel.

 

Esto es solo parte de un ejercicio mayor: hablar de los elementos que expone la prensa como representaciones de la violencia, es solo una parte del total de la ecuación, existen una serie de cuestionamientos y preguntas que vienen a continuación: ¿existen continuidades? ¿Quiénes son las voces autorizadas? ¿Es todo esto realmente tan así? Todo lo expuesto anteriormente es solo una pequeña parte de este entramado llamado estudios del fútbol, centrado en una parte menor de un problema mucho mayor y que, hasta el momento, solo unos pocos se han erigido con la autoridad para hablar del tema; siendo los mismos que alimentan las representaciones expuestas.
El relato pretende describir críticamente estas representaciones, develando su concepción narrativa e ideológica, desde la identificación de sus productores.